1.Hipertensión
La Hipertensión es el término médico para la presión arterial alta. Todo adulto mayor que tenga la presión arterial por encima de los límites de 140/90 mmHg debe ser evaluado por el médico geriatra periódicamente.
Las causas de la hipertensión arterial son diferentes en los adultos mayores que en las personas más jóvenes. Alrededor del 90 al 95% de todos los casos de presión arterial alta constituyen lo que se denomina hipertensión primaria o esencial. Esto significa que se desconoce la verdadera causa de la presión arterial alta, pero existen diversos factores relacionados con la enfermedad. El riesgo de sufrir de hipertensión es mayor si la persona:
Tiene antecedentes familiares de hipertensión.
Se enfrenta a niveles altos de estrés.
Sufre de sobrepeso u obesidad.
Usa productos de tabaco.
Lleva una alimentación alta en grasas saturadas y/o una alimentación alta en sodio (sal).
Bebe más de una cantidad moderada de alcohol.
Es físicamente inactiva (sedentarismo).
Es diabética.
Tiene familiares hipertensos.
La hipertensión secundaria es menos habitual que la esencial y se debe a diversos trastornos, que también pueden agravar la hipertensión esencial previa. Los más habituales de estos trastornos son:
Las enfermedades renales
Las enfermedades endocrinas como el hipertiroidismo
Las alteraciones de las glándulas suprarrenales
La hipertensión puede afectar a la salud de cuatro maneras principales:
Obstrucción de las arterias: que más adelante puede producir un ataque al corazón, un accidente cerebrovascular (hemiplejía, demencia, epilepsia) o amputación de los miembros inferiores.
Agrandamiento del corazón: el corazón comienza a fallar ante el esfuerzo. Sin tratamiento, se instalará una insuficiencia cardíaca.
Daño renal.
Daño ocular.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyó recientemente, que la hipertensión arterial es la causa más común atribuible a muerte prevenible en los países desarrollados. Es conocida como “el asesino silencioso” porque no presenta síntomas. La única manera de saber con seguridad si la tiene es consultando con el médico.
El médico geriatra realizará una valoración integral del paciente que contemple, los aspectos clínicos, la situación funcional y los condicionantes sociales, todos ellos son factores claves a considerar al planificar la intervención terapéutica, siempre personalizada en cada adulto mayor.
El manejo de la hipertensión en adultos mayores tiene particularidades que lo hacen diferente del que se hace en la población más joven. El tratamiento de la hipertensión arterial reduce el riesgo de muchas de las complicaciones catastróficas antes mencionadas. El médico geriatra iniciará un primer plan de acción que implica la modificación del estilo de vida:
Programa de educación para el paciente y su familia.
Dieta baja en grasas y sal.
Alcance de un peso saludable.
Programa de ejercicio físico individualizado.
Técnicas para el control del estrés, terapia para dejar de fumar y terapia para moderar o suprimir el consumo de alcohol.
Además, la enfermedad puede tratarse con medicamentos.
2.Diabetes
La diabetes mellitus es una enfermedad crónica que se caracteriza por niveles altos de glucosa en la sangre como resultado de una producción deficiente de insulina, una acción inadecuada de la insulina o ambas cosas.
La diabetes es extremadamente frecuente en el adulto mayor. Durante los últimos 20 años, en América Latina, el riesgo de morir por diabetes mellitus ha aumentado en un 57% para los hombres mayores y en un 38% para las mujeres mayores.
La diabetes mellitus tipo 2 es mucho más frecuente que la tipo 1 en los adultos mayores. El tipo 1 se diferencia del 2 por su comienzo precoz y su dependencia del tratamiento con insulina.
La diabéticos tipo 2 pueden producir insulina pero ésta no es suficiente o no es usada adecuadamente por el organismo. Los niveles de azúcar en sangre generalmente pueden controlarse con dieta y ejercicio.
Cuando la diabetes tipo 2 es leve, puede pasar desapercibida durante muchos años. Sin embargo, si la enfermedad no se trata durante mucho tiempo, puede dar lugar a problemas médicos graves tales como enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos.
Se podría decir que la causa de la diabetes sigue siendo desconocida. Aun así, se reconocen factores genéticos y no genéticos. De los factores no genéticos que predisponen a la aparición de la diabetes cabe destacar la falta de ejercicio y la obesidad (sobretodo obesidad con gran cantidad de grasa abdominal).
Las complicaciones clínicas asociadas con la diabetes pueden incluir las siguientes:
La enfermedad cardiovascular (infartos del miocardio, insuficiencia cardíaca, arritmias).
La hipertensión arterial.
Demencia.
La enfermedad dental: la enfermedad periodontal (de las encías) ocurre con más frecuencia en personas con diabetes.
La retinopatía o glaucoma (enfermedad del ojo o ceguera): la ceguera debida a la retinopatía diabética es una de las principales causas de ceguera entre las personas mayores.
La enfermedad renal: la diabetes es la causa principal de la etapa final de la enfermedad renal, una condición en la cual el paciente requiere diálisis, o de un trasplante del riñón para poder vivir.
La neuropatía (la enfermedad de los nervios): las formas severas de la enfermedad diabética del nervio son la causa que más contribuye a las amputaciones de los miembros inferiores.
La amputación: más de la mitad de las amputaciones en Estados Unidos ocurren entre las personas que tienen diabetes.
Debido a estas complicaciones, la pérdida de capacidad de autovalencia se asocia fuertemente a diabetes. Hay alteraciones en la capacidad de realizar tareas de autocuidado, motilidad y ejecución de tareas de la vida cotidiana. El 66% de los diabéticos adultos mayores presentan discapacidad, mientras que sólo un 29% de los adultos mayores sanos la presentan.
La diabetes es una enfermedad que puede ser prevenida, en algunos casos, a partir de hábitos y comportamientos saludables, los cuales hacen parte de un adecuado estilo de vida.
Es importante la consulta preventiva que registre los factores de riesgo, considerando como principales:
La obesidad.
Los antecedentes de familiares consanguíneos diabéticos.
La hipertensión arterial.
El sedentarismo.
Los antecedentes de patología cardiovascular en edades tempranas.
El diagnóstico precoz es esencial, porque aproximadamente el 50% de los pacientes recién diagnosticados de diabetes ya presentan datos de daño tisular inducidos por una diabetes que tienen hace tiempo y no habían diagnosticado.
En el adulto mayor, la diabetes mellitus tipo 2 puede presentarse:
Sin síntomas.
Con signos y síntomas como:
- Cansancio, pérdida de peso, cambios de humor.
- Aumento de la sed, necesidad de orinar con frecuencia, insomnio, caídas, debilidad e incontinencia urinaria.
- Infecciones recurrentes.
- Cambios cognitivos y deterioro, depresión.
- Alteraciones visuales: visión pobre, pérdida de movilidad, caídas, empeoramiento de la habilidad para conducir.
- Dolor.
- Coma diabético.
- Angina de pecho, infarto al miocardio.
- Accidentes cerebro vasculares.
- Dificultad al caminar, enfermedad vascular periférica, gangrena.
Los objetivos del manejo terapéutico en Adultos Mayores tienen diferencias con los más jóvenes. En forma general he aquí una guía.
Garantizar una buena calidad de vida.
Prevenir las complicaciones agudas y complicaciones tardías.
Emplear el menor número de fármacos posible.
Controlar adecuadamente la prensión arterial.
Preservar la independencia del adulto mayor.
Mantener la glucemia dentro de los límites aceptables y según una visión integral de la persona.
Perder peso comiendo mejor en los casos indicados.
Estos objetivos se alcanzarán a través de un trabajo conjunto entre el equipo multidisciplinario de salud, el adulto mayor y su núcleo familiar, incluyendo:
Evaluación integral del adulto mayor.
Educación del adulto mayor y de su núcleo familiar:
Conocimientos generales sobre la Diabetes.
Nociones sobre la dieta y el ejercicio recomendables.
Tratamiento farmacológico.
Técnicas de inyección de insulina y el uso de glucómetros para el autoanálisis.
Complicaciones agudas (reconocimientos de hipoglucemia y descompensaciones hiperglucémicas).
Situaciones intercurrentes: cómo actuar.
Normas de higienes de piel, boca y cuidados de pies.
Régimen alimenticio elaborado de manera individual.
Plan de ejercicio físico con metas claras.
Tratamiento farmacológico apropiado.
3.Obesidad
La obesidad es una enfermedad crónica originada por muchas causas y con numerosas complicaciones; se caracteriza por el exceso de grasa en el organismo. Está ligada directamente a un descenso de la calidad de vida, mayor discapacidad y aumento del uso de servicios de salud.
En algunas personas, la causa de la obesidad es muy simple: consumen más calorías de las que queman en sus actividades diarias. Las siguientes son otras causas de obesidad:
Herencia genética. La obesidad suele ser hereditaria.
Sexo. Los hombres queman más energía en reposo que las mujeres, las mujeres típicamente aumentan de peso después de la menopausia porque su capacidad de quemar energía disminuye aún más.
Medio ambiente y hábitos alimenticios.
Falta de actividad física. La gente que come mucho y no hace ejercicio tiene mayores probabilidades de ser obesa.
Enfermedades. Algunas enfermedades pueden causar obesidad. Estas incluyen los problemas hormonales tales como el funcionamiento deficiente de la glándula tiroidea (hipotiroidismo), la depresión y algunas enfermedades cerebrales poco comunes.
Medicamentos. Los corticoesteroides y algunos antidepresivos pueden ocasionar un aumento de peso.
El sobrepeso o la obesidad están asociados a un mayor riesgo de sufrir enfermedades como:
Cáncer de colon y próstata (en hombres).
Enfermedad cardiaca coronaria.
Disminución de longevidad.
Mortalidad precoz.
Trombosis venosa profunda.
Inmovilidad.
Diabetes mellitus.
Aumento del riesgo quirúrgico.
Enfermedad de la vesícula biliar.
Intertrigo.
Gota.
Hipertensión.
Alteraciones funcionales.
Artrosis y dolor articular.
Úlceras de presión (escaras).
Embolismo pulmonar.
Apnea del sueño.
Cáncer de útero, mama, cérvix y ovario (en mujeres).
Alteraciones para la estética.
Alteraciones psíquicas.
Los últimos estudios indican que la obesidad puede acelerar el envejecimiento e incluso puede acelerar la mortalidad en este grupo de población. Las intervenciones basadas en dietas adecuadas, así como ejercicio y modificación de hábitos, son capaces de revertir la situación.
Los pilares del tratamiento de la obesidad son el ejercicio y educación alimentaria. Los adultos mayores obesos serán evaluados por un equipo multidisciplinario que incluye al médico geriatra, especialista en nutrición, médico rehabilitador, enfermera y terapista físico.
En una primera fase el equipo valorará cómo se encuentra el paciente. Esto incluye revisión de la historia clínica, valoración antropométrica, encuesta dietética y pruebas de densitometría. En función de los resultados se indicará una dieta y un programa de ejercicio físico. Los objetivos a conseguir serán estipulados de manera conjunta entre el equipo multidisciplinario, el adulto mayor y su familia.
4.Dislipidemia
El colesterol y los triglicéridos, conocidos como lípidos, son sustancias grasas normalmente producidas por el cuerpo. La dislipidemia implica un nivel demasiado alto o bajo de lípidos en el flujo sanguíneo.
Los tipos más comunes de dislipidemia son:
Alto nivel de lipoproteína de baja densidad (LBD o colesterol “malo” o LDL por sus siglas en inglés)
Bajo nivel de lipoproteína de alta densidad (LAD o colesterol “bueno” o HDL por sus siglas en inglés)
Alto nivel de triglicéridos
La dislipidemia contribuye a la aterosclerosis, enfermedad en la que depósitos grasos llamados placa se acumulan en las arterias con el tiempo. Las arterias son los vasos sanguíneos que llevan la sangre del corazón al resto del cuerpo. Si la placa causa el angostamiento de las arterias, es más probable que padezca enfermedades del corazón o la enfermedad arterial periférica (menor flujo sanguíneo en las extremidades, por lo general, las piernas), o que tenga un ataque al corazón o derrame cerebral.
La dislipidemia en los adultos mayores, juega un papel fundamental en la progresión de la enfermedad coronaria y es un predictor importante de eventos isquémicos en adultos mayores. Se observan con mayor frecuencia en mujeres que en varones.
El tratamiento es no farmacológico y farmacológico. La intervención no farmacológica propone un régimen dietético supervisado y ejercicio físico adaptado a las condiciones del paciente. La intervención farmacológica indica el uso de drogas hipolipemiantes, tomando en consideración la situación particular, expectativas razonables y calidad de vida de cada paciente.
5.Fragilidad
El adulto mayor frágil es quien conserva su independencia de manera precaria y que se encuentra en situación de alto riesgo de volverse dependiente. Se trata de una persona con una o varias enfermedades de base, que cuando están compensadas le permiten mantener su independencia básica, gracias a un delicado equilibrio con su entorno socio-familiar. Ellos pueden cuidarse a sí mismos pero presentan dificultades cuando deben realizar tareas más complejas.
En estos casos, procesos como una infección de orina, una neumonía, una arritmia, cambios de medicación, hospitalización, etc. pueden llevar a una poner de manifiesto su poca capacidad de adaptación o respuesta ante un estrés. Esta situación hace que la persona no pueda responder con mecanismos fisiológicos de defensa como fiebre, ardor al orinar, tos, dolor, etc. y presentando los mal llamados “síntomas atípicos de enfermedades” y que se manifiestan como caídas, delirium, incontinencia urinaria, pérdida brusca de la capacidad de valerse por si mismo, etc. Esta presentación típica de los pacientes adultos mayores frágiles es mucha veces pasada por alto por profesionales de salud y/o cuidadores no capacitados que la consideran como “normal para la edad” lo cual aumenta su vulnerabilidad ya que produce una demora en la atención.
Se ha demostrado que la Persona Mayor frágil está en mucho mayor riesgo de hacerse dependiente, caerse, hospitalizarse, fracturarse, gastar más en su salud y además de morirse tener una peor calidad de vida.
La tecnología fundamental para la evaluación y manejo de la fragilidad del adulto mayor es la valoración geriátrica integral.
La valoración geriátrica integral es un proceso diagnóstico dinámico y estructurado que permite detectar y cuantificar los problemas, necesidades y capacidades del adulto mayor en las esferas clínica, funcional, mental y social.
El hecho principal que define al adulto mayor frágil es que, siendo independiente, tiene alto riesgo de volverse dependiente (riesgo de discapacidad); en otras palabras, es una situación de prediscapacidad. Es por esto que la detección temprana y evaluación del adulto mayor frágil es necesaria para anticipar, predecir e identificar a los individuos de alto riesgo (vulnerables).
En la geriatría moderna se usan las llamadas “medidas basadas en ejecución” para diagnosticar la fragilidad física: fuerza de prensión, velocidad de marcha, pruebas de equilibrio estático, dinámico y de flexibilidad, entre otras. Con estas pruebas se puede detectar un estado de vulnerabilidad hasta el momento escondido y por lo tanto valorarlo e intervenir en el.
Las intervenciones se realizarán dentro de las cuatro esferas: clínica, funcional, mental y social. El equipo interdisciplinario corregirá los malos hábitos de vida (falta de ejercicio, inactividad, déficits nutricionales, abuso de alcohol y/o tabaco), dará tratamiento adecuado e individualizado a las enfermedades y/o lesiones crónicas de base y realizará recomendaciones para un buscar un envejecimiento saludable, mayor grado de independencia y, en definitiva, calidad de vida.
6.Polifarmacia
El adulto mayor consume alrededor del doble de los medicamentos que consumen los adultos jóvenes, y no es extraordinario que un adulto mayor reciba 5 ó 6 prescripciones y en muchos casos de especialistas diferentes. También es común que los fármacos bajo prescripción se tomen juntamente con otros sin prescripción médica y con productos naturales que pueden tener importante interferencia o interacción con los mismos.
Es importante diferenciar la polifarmacia y la polimedicina en el adulto mayor. La polifarmacia es el uso innecesario y excesivo de fármacos mientras que la polimedicina es la utilización justificada de medicamentos para el tratamiento de la poli-patología del adulto mayor.
La Organización Mundial de la Salud define polifarmacia como el consumo de tres o más medicamentos simultáneamente.
Es muy importante resaltar que aunque se suele pensar que las “medicinas naturales” o “tradicionales” no tienen efectos adversos ni interaccionan con los fármacos de la medicina occidental esto no es así. Por lo tanto su uso también debe ser asesorado y conocido por un experto.
Muchas veces, los signos y síntomas producidos como adversos por un medicamento, lleva a que su médico de cabecera u otro médico que no conoce bien al paciente y no interpreta bien la situación, a prescribir un nuevo medicamento para calmar ese síntoma y así se forma un círculo vicioso en el que el enfermo recibe cada vez más medicamentos. Además, de la acumulación de recetas, son pocos los fármacos que el adulto mayor abandona definitivamente: los conserva, los alterna, los combina y añade las novedades que otros compañeros le recomiendan.
La polifarmacia puede causar efectos adversos e interacciones de medicamentos, complicando el tratamiento, aumentado las hospitalizaciones, incrementando los costos y disminuyendo la calidad de vida. Desafortunadamente, los síntomas que la polifarmacia provoca suelen ser mal interpretados y pensados como normales para la edad, estos incluyen:
Insomnio
Cansancio, somnolencia o disminución del estado de alerta
Estreñimiento, diarrea o incontinencia
Pérdida del apetito
Confusión
Caídas
Depresión o falta de interés en sus actividades usuales
Debilidad
Temblores
Alucinaciones visuales o auditivos
Ansiedad o excitabilidad
Mareo
Disminución de la conducta sexual
La detección oportuna es muy importante para identificar a aquellos que están en riesgo. El uso racional y adecuado de los medicamentos requiere un estudio integral del paciente. Es función del médico geriatra la valoración de cuales medicamentos debe tomar el adulto mayor, eliminando el mayor número de ellos, dejando solamente los que le brinden un real beneficio, sin arriesgar ni su salud ni su economía. No por tomar más medicamentos se tiene una mejor calidad de vida.
7.Caídas
La Organización Mundial de la Salud define las caídas como “consecuencia de cualquier acontecimiento que precipite al paciente al suelo en contra de su voluntad”. Las caídas producen en las Personas Mayores una elevada morbilidad y mortalidad. Son frecuentes y se producen por una combinación de factores intrínsecos y extrínsecos a la Persona Mayor. Se presentan con mayor frecuencia en individuos con mayor vulnerabilidad, revelando su estado de mayor fragilidad. Es decir, el adulto mayor que se cae recurrentemente (más de 2 veces en 6 meses) tiene mucho más riesgo de discapacitarse, hospitalizarse, tener peor calidad de vida y morirse.
Los factores de riesgo responsables de una caída pueden ser:
a.Relacionados con el propio adulto mayor (intrínsecos).
- Cambios del envejecimiento que afectan a la visión, el oído o el aparato locomotor.
- Enfermedades crónicas y agudas: las caídas pueden ser la primera manifestación, o en otros casos, una manifestación atípica de patología aguda.
- Fármacos: existe una relación directa entre el número de medicamentos, y el mayor riesgo de sufrir una caída.
b.Derivados de la actividad o el entorno (extrínsecos): - En la vivienda: suelos irregulares o deslizantes; iluminación incorrecta; escaleras en mal estado; estancias de la casa no acondicionadas adecuadamente.
- En las calles, plazas, jardines, etc.: aceras estrechas, pavimento defectuoso, obstáculos.
- En los medios de transporte: movimientos bruscos del vehículo.
Los factores ambientales son una causa importante de caídas en adultos mayores móviles y activos, mientras que para los adultos mayores frágiles son más importantes los factores intrínsecos.
Cabe resaltar que frecuentemente las caídas en las Personas Mayores son multifactoriales de allí que en su abordaje integrar con experticia está la clave de su manejo.
En América Latina, las caídas son la principal causa externa de muerte para las mujeres.
El temor a caerse hace que muchas personas mayores dejen de salir y hasta de caminar. Además de la pérdida de vida social que supone, esa inmovilidad conduce a un deterioro físico progresivo.
Las caídas se deben a riesgos que pueden ser fácilmente prevenidos. Los objetivos de la prevención de caídas son conseguir la máxima movilidad del adulto mayor, reducir el riesgo de caídas y su morbimortalidad. Los programas de prevención y manejo de caídas han demostrado éxito y son compuestos por los siguientes elementos:
Evaluación de riesgo caídas:
Valoración de los factores intrínsecos y extrínsecos.
Implementación de técnicas de prevención.
- Primaria: para quienes no se hayan caído.
- Secundaria: para evitar nuevas caídas en quienes ya sufrieron una.
- Terciaria: para tratar las complicaciones físicas y psicológicas de la caída y rehabilitación.
Manejo integral de caídas.
Reevaluación del paciente para mantener la seguridad.
Tai Chi: ofrece efectos beneficiosos mejorando la fuerza muscular, el equilibrio, previniendo las caídas y osteoporosis.
8.Memoria, deterioro cognitivo mínimo y demencia
La memoria implica aprender (registrar) o recordar lo que se ha aprendido, esta condición es necesaria para desarrollar una vida independiente y productiva. La mayoría de las personas al envejecer, se quejan de una mayor frecuencia de olvidos cotidianos. Este trastorno de la memoria relacionado con la edad, es muy frecuente· sin embargo, los problemas de la memoria con significación patológica son menos comunes.
Los trastornos de la memoria, son serios cuando afectan las actividades diarias, o sea cuando el adulto mayor tiene problemas recordando cómo hacer cosas que ha hecho muchas veces anteriormente.
El deterioro cognitivo mínimo (equivale al término inglés mild cognitive impairment), es una situación clínica en la cual los déficit en la función cognitiva (pensamiento) son evidentes, pero insuficientemente graves para realizar el diagnóstico de demencia. Los pacientes con deterioro cognitivo mínimo (MCI) tienen mayor riesgo de progresión a la demencia, principalmente la enfermedad de Alzheimer. La demencia afecta al 10% de las personas mayores de 65 años y 20 - 50% de las que tienen más de 85 años. La detección e intervención temprana mejora el pronóstico y la calidad de vida del paciente y la familia. Además permite a los pacientes participar en la planificación de sus cuestiones legales, financieras y de salud cuando la capacidad para tomar decisiones está aún relativamente preservada. El reto diagnóstico es determinar cuáles sujetos con MCI representan verdaderos cambios cognitivos asociados a la edad versus quienes tienen tempranas manifestaciones de lo que mas tarde será reconocido abiertamente como Enfermedad de Alzheimer (EA).
La Enfermedad de Alzheimer (responsable del 50% de las demencias) es una epidemia creciente:
Cada 70 segundos alguien en los Estados Unidos desarrolla la enfermedad de Alzheimer-para el año 2050, alguien desarrollará la enfermedad de Alzheimer cada 33 segundos.
5,3 millones de estadounidenses sufren actualmente de Alzheimer, uno de cada ocho mayores de 65 años y casi uno de cada dos mayores de 85.
10 millones de "baby boomers" desarrollarán la enfermedad.
El CDC coloca a la enfermedad de Alzheimer como la 6 ª causa de muerte.
La demencia es la pérdida de la capacidad intelectual, también conocida como función cognitiva. Las personas con demencia pueden sentirse confundidas, no ser capaces de recordar cosas o perder habilidades que antes tenían, incluyendo la realización de actividades diarias normales. Con el tiempo, es posible que no reconozcan a sus familiares o amigos y pueden comportarse con nerviosismo. Aunque la demencia es más común en los adultos mayores, no es una consecuencia normal del envejecimiento.
Entre las principales señales y síntomas de la demencia tenemos:
Pérdida gradual de la memoria
Confusión
Pensamiento ofuscado, incluyendo la pérdida de las habilidades para resolver problemas
Conducta nerviosa o desvaríos
Perderse en circunstancias que antes eran conocidas
Pérdida de interés en actividades diarias o usuales
Problemas de personalidad
Problemas de lenguaje
El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (National Institute on Aging) ha expuesto que en realidad son reversibles aproximadamente 100 trastornos que pueden interpretarse equivocadamente como enfermedades graves. A veces se denomina a dichos trastornos como "pseudodemencias", y con frecuencia son susceptibles al tratamiento. Entre otros trastornos que provocan síntomas reversibles de demencia están los siguientes:
Reacciones a medicamentos.
Angustia, la depresión y los grandes cambios en el régimen de vida, como la jubilación, el divorcio o la pérdida de un ser querido.
Trastornos del metabolismo: entre ellos la disfunción renal, la disfunción hepática, el desequilibrio electrolítico, la hipoglicemia, la hipercalcemia, las enfermedades del hígado y los trastornos del páncreas.
Problemas visuales y auditivos.
Deficiencias alimentarias: el déficit de vitaminas B (folato, niacina, riboflavina y tiamina) puede provocar trastornos cognitivos.
Anomalías del sistema endocrino: el hipotiroidismo, el hipertiroidismo, los trastornos paratiroideos y las anomalías de las glándulas suprarrenales.
Infecciones.
Hematoma subdural (coágulo de sangre en la superficie del cerebro).
Hidrocefalia a presión normal.
Tumores cerebrales.
Ciertos trastornos provocan el daño intelectual irreversible. Entre ellos están los siguientes:
Lesión cerebral traumática.
Enfermedades degenerativas del cerebro:
- La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de la demencia.
- La demencia vascular con frecuencia es ocasionada por accidentes cerebrovasculares a lo largo de un período de tiempo.
- Enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Parkinson (enfermedad cerebral que ocasiona temblores y rigidez muscular) y la enfermedad de Huntington (una enfermedad heredada que ocasiona movimientos anormales y demencia).
La prevención de la demencia está avanzando cada vez más. Las medidas más importantes para prevenir la demencia son:
Una adecuada actividad física y mental.
El tratamiento adecuado de los factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el colesterol, la obesidad y el abandono de hábitos como fumar o beber.
El diagnóstico precoz de la demencia ayuda a la persona y a su familia a buscar recursos disponibles que permitan una mejor calidad de vida. Algunos medicamentos pueden ayudar a hacer más lento el avance de la demencia durante el tratamiento, pero actualmente no existe una cura.
9.Enfermedad de Parkinson
La enfermedad de Parkinson incide sobre el sistema nervioso, específicamente en el movimiento y el control de los músculos. La enfermedad de Parkinson es progresiva y, sin tratamiento, da lugar a graves limitaciones de la actividad y la calidad de vida. Los médicos individualizan el tratamiento de cada paciente para controlar los síntomas y enlentecer la progresión de la enfermedad.
Aunque no se sabe exactamente qué causa la enfermedad de Parkinson, se presume que existen conexiones genéticas con la enfermedad.
Los síntomas empiezan afectando a un solo lado del cuerpo, pero pueden terminar afectando a los dos. Los síntomas más importantes son:
Rigidez: de brazos, piernas, cara y de la postura.
Temblor: de cabeza, cara, brazos, piernas y manos; algunos pacientes no presentan este síntoma.
Lentitud del movimiento: también denominada bradicinesia.
Inestabilidad: marcha inestable y falta de equilibrio.
La detección oportuna, la rápida intervención médica y psicológica; y la integración del paciente en un programa de rehabilitación hacen que su calidad de vida sea más aceptable.
Es importante señalar que con el tiempo el efecto de los medicamentos para el tratamiento sintomático de la Enfermedad de Parkinson va perdiendo su efecto, por lo tanto el tratamiento no farmacológico de esta patología ofrece muchos beneficios tanto para la sinergia con el tratamiento farmacológico como mantenimiento de beneficios y optimización de la autovalencia en su evolución.
10. Depresión
Una persona que siempre se siente triste, tiene crisis de llanto sin motivo o pierde el interés en sus actividades habituales puede sufrir una depresión mayor: una enfermedad médica grave que debe distinguirse de la sensación temporal, normal, de tristeza después de, por ejemplo, la muerte de un familiar o un amigo.
El ánimo triste no forma parte del envejecimiento normal y no es un acompañamiento natural e inevitable del declive de la actitud social. La depresión disminuye de forma sustancial la calidad de vida del anciano y se considera como una de las enfermedades más discapacitantes. Es una epidemia no reconocida en las Personas Mayores.
La depresión puede ser causada por la pérdida del cónyuge o de un amigo cercano, dolores y enfermedades crónicas, dificultad para movilizarse, frustración por la pérdida de la memoria, dificultad para adaptarse a circunstancias como vivir en una casa vacía, mudanzas o cambios dentro de la familia.
Puede ser además, signo de alerta de condiciones subyacentes: como alteraciones visuales o auditivas, polifarmacia y diversas enfermedades por ejemplo la enfermedad de Alzheimer.
La depresión en las personas mayores contribuye al mal uso de los medicamentos, el abuso del alcohol y la conducta autodestructiva. También disminuye la capacidad del individuo para cuidar y manejar los problemas de salud. Si no se diagnostica ni se trata a tiempo, causará un sufrimiento innecesario para el adulto mayor y para su familia. Con un tratamiento adecuado y rápido el paciente tendrá una vida más placentera.
Debido a que la depresión en la vejez obedece a múltiples causas, el tratamiento tendrá una base de actuación multidisciplinar:
Psicoterapia individual: para disminuir la discapacidad, mejorar el grado de bienestar y aumentar el grado de socialización.
Terapia ocupacional: mediante la realización de trabajos en grupo se mejoran las relaciones sociales, el entorno social y la autoestima del adulto mayor deprimido. La terapia ocupacional puede utilizarse también como mecanismo de prevención de la depresión.
Terapia familiar: para ayudar a la familia y al paciente en su interacción diaria.
Ejercicio físico: la gimnasia en grupo puede mejorar las relaciones sociales, la realización de técnicas de relajación y los paseos ayudan a mantener la postura, e indirectamente mejoran el nivel de autoestima. El fortalecimiento muscular aumenta el grado de bienestar y disminuye los síntomas depresivos y funcionales.
Régimen nutricional: las deficiencias nutricionales son una complicación frecuente de la enfermedad depresiva.
Terapia farmacológica: se ha demostrado que la terapia con antidepresivos mejora la calidad de vida en pacientes de edad avanzada con problemas de depresión.
11. Osteartrosis
La osteoartrosis (artrosis) es una enfermedad degenerativa, crónica, progresiva e irreversible, en la cual se afecta principalmente al cartílago. El cartílago es un tejido resbaladizo que cubre los extremos de los huesos en una articulación. El cartílago permite que los huesos se deslicen suavemente el uno contra el otro. También amortigua los golpes que se producen con el movimiento físico. Con la osteoartrosis, la capa superior del cartílago se rompe y se desgasta. Como consecuencia, las partes de los huesos que antes estaban cubiertas por el cartílago empiezan a rozarse una contra otra. La fricción causa dolor, hinchazón y pérdida de movimiento en la articulación. Con el tiempo, la articulación puede perder su aspecto normal. Además, pueden crecer espolones alrededor de la articulación. Algunos pedazos de hueso o de cartílago pueden desprenderse y quedar atrapados dentro del espacio que existe en la articulación lo que causa más dolor y daño.
La incapacidad funcional es una consecuencia importante de la artrosis, hasta el punto de que es la principal causa de incapacidad en ancianos. El riesgo de caídas es muy importante también en este grupo.
El éxito del tratamiento de la artrosis radica en que es individualizado y se ajusta a la articulación afectada. Los objetivos del tratamiento de la artrosis son:
Controlar la sintomatología.
Mantener la función articular.
Reducir al máximo la progresión de la artrosis.
De acuerdo a estos objetivos, el tratamiento de la artrosis se clasifica en dos grandes grupos terapéuticos:
Tratamientos modificadores del síntoma, que son aquellas opciones terapéuticas (farmacológicas, terapia física, terapia ocupacional, entre otras) que reducen la sintomatología (el dolor) del paciente.
Tratamientos modificadores de estructura, que son aquellas opciones terapéuticas capaces de reducir, frenar o revertir la destrucción del cartílago articular.
Además, el Tai Chi ha demostrado mejorar la fuerza y el equilibrio, aliviar el dolor y reducir la depresión y la ansiedad en personas con osteoartrosis.
12. La capacitación y el stress del cuidador
Muchas veces un familiar tiene que asumir la responsabilidad de la atención de un Adulto Mayor con problemas de autovalencia sin los conocimientos adecuados para la buena atención y buen manejo de la enfermedad.
Dicho desconocimiento y la responsabilidad misma generan muchas veces la ansiedad o el stress en el cuidador, originando problemas de salud física y psicológica al familiar, que también debe ser tratado en forma oportuna.
La prevención y detección precoz del problema o de los problemas del cuidador es una estrategia fundamental para el mantenimiento de la salud de la Persona Adulta Mayor cuidada, sobretodo en aquellos con dependencia severa en los que los tratamientos farmacológicos disminuyen considerablemente su impacto.
13. Relaciones familiares
El Adulto Mayor con problemas de salud que ha perdido su auto valencia origina muchas veces dificultades en las relaciones entre sus familiares más cercanos. Las responsabilidades de cada uno de ellos muchas veces no son adecuadamente distribuidas por diversas razones generándose problemas de comunicaciones entre ellos y que pueden impactar en el manejo adecuado de las enfermedades del Adulto Mayor.
La solución de dichas situaciones se hace imprescindible a fin de crear un ambiente favorable dentro del entorno familiar y para lo cual muchas veces se requiere la participación de un tercero que, sin estar involucrado en el problema, actúe como un mediador para que se encuentre caminos alternativos que permitan eliminar o reducir las barreras de comunicación o de asignación de responsabilidades.
En BAMBOO ponemos a su disposición un servicio de reuniones familiares con el equipo gestor de salud luego de la valoración del paciente. En estas reuniones se informa en equipo sobre el estado de salud del adulto mayor evaluado a la familia interesada, se define un plan de intervención en base a las metas consensuadas, se hacen recomendaciones generales y se intenta establecer un pronóstico. |